23 jun. 2008


Estos peces que se mueven, sin memoria, se encuentran y se olvidan... son mi mente.





Les Éphémères montaje del Teatro du Soleil



"Todo empezó cuando, desde San Peterburgo, Catalina II, emperatriz de Rusia, escribió a Denis Diderot, quien se hallaba en París, una carta en la que rogaba le recomendara un escultor para realizar en su país un monumento destinado a ensalzar la gloria de Pedro el Grande". Así comienza su autobiografía Nina Berberova.

La escritora rusa cuenta luego cómo, tras varias noches de insomnio y después de consultar con sus amigos, el francés partía, hacia el Báltico para encontrarse con una mujer a la cual le uniría una peculiar amistad primero y una larga e intensa correspondencia después. Esta relación, mítica y mitificada, acabaría por acercar no sólo a dos personas a través de unos lazos tan poderosos como ambiguos, sino a dos paises, a dos ciudades esenciales para el desarrollo de la Modernidad: San Petersburgo que sólo aparenta existir y París.
Aunque también se podría pensar que esta historía no tiene nada de extraordinario, salvo quizás para los protagonistas. Se trata de una secreta e inconfesada pasión: es una historia banal, reiterada. Sin embargo, es esa pasión la que ofrece a los súbditos de la emperatriz, la temprana posibilidad de leer textos franceses después de la compra de la biblioteca y los manuscritos del ilustrado. Tal hecho modifica la cultura rusa y acaba por afectarnos a todos en tanto parte de una tradicción compartida, la occidental.
El interés de esta historia radica, pues, en la similitud con tantas otras historias que, por motivos diferentes, en cada caso plantean un acercamiento a la Historia.
Encuentros como sorpresa, como fascinación, como atracción mutua, como búsqueda de lo diferente, como un nuevo modo de acercarse al mundo y mirarlo, como la impresión de empezar desde cero, borrando lo previo...encuentros...
Sin embargo, los encuentros no duran para siempre, se agotan por su misma naturaleza. Así debe ser y, como suele suceder con esos instantes maravillosos en que se tiene la impresión de que a través de esa ciudad, de esa persona, de ese acontecimiento...se podrían transformar las cosas, al final todo vuelve a parecerse a lo de antes. De este modo surgen los dencuentros necesarios, aunque a menudo resulten tristes. Leyendo la inacabada Bouvard y Pécuchet se tiene la impresión de que Frlaubert no llega a terminarla porque sabe que los dos protagonistas deberán separarse y no soporta la ruptura. Ese es el privilegio de la literatura, suponemos, la capacidad para silenciar lo doloroso.
Por el contrario, en la vida real los desencuentros forman parte de lo contingente, la garantía de cambio: hay momentos en que es preciso alejarse.
El azar reúne y el azar separa, pero siempre permanece algo de aquello que estuvo."


Estrella de Diego Historia 16 "Arte Contemporáneo II"


12 comentarios:

Ana dijo...

Definitivamente a veces es preciso alejarse. Después la vida nos encargará muchas veces de volvernos a acercar (o no!)

Si tuviera una pecera con ese paisaje, me gustaría ser pez.

Camille Stein dijo...

'los encuentros no duran para siempre, se agotan por su misma naturaleza'

los encuentros desencadenan otros en cadena... las historias de los encuentros no son cerradas... queda este consuelo para quien necesite consolarse de la finitud natural de un desencuentro

un beso

Shecheglov dijo...

No dejas al lector ninguna oportunidad de recuperarse, pero lo mejor es que, como indica Chéjov, en su carta, es mejor no decir suficiente que decir demasiado, porque... porque...No sé por qué.

Me gusta tu blog, tus comentarios, tu ironía y tus silencios.(Sin duda,tu vida)

Abril dijo...

Hola, creo que tengo un libro de esa colección... sí, aquí lo tengo: BORRÁS GUALIS, Gonzalo M.: "Teoría del Arte I". Madrid, Historia 16, 1996. Es de la carrera, y me resultó incomprensible que, en nuestra carrera, nos mandaran ese libro. Yo estudié Historia del Arte pero quien no dudo que se enterase de algo... Un saludo. Volveré, es un blog para contemplar con calma.

anitta dijo...

estoy de acuerdo en que siempre permanece algo de aquello que estuvo
aunque el azar no siempre acierta

:)

Mary dijo...

;)

HERMOSA PECERA¡¡

ES A VECES NECESARIO ALEJARSE DE TODO¡¡

BESOS

ybris dijo...

Bellas fotos, comentarios precisos.
Esos peces son mi mente.
Siempre permanece algo de lo que estuvo.

Esas reflexiones enriquecen la vida.
Gracias por compartirlas.

Besos.

MBI dijo...

Gracias a vosotros por estar ahí.

EL CHICO GRIS dijo...

jldlasdekj

yo también hay veces que no se que decir ;P

jjldsjs

un beso

Monsieur Hulot dijo...

Me quedo con el link de Les Ephémères que a su vez me lleva a otros *sitios* inesperados...

Algún día te *preguntaré* de dónde sacas esas referencias fantásticas, aunque ya empiezo a sospecharlo: Yo también soy un *buceador* de las profundidades, además de consumado *equilibrista*.

PERO...

Esos *pescados* rojizos...esos *chanquetes* que me absorben la energía vital como *vampiros*... cada día están más *gordos* y yo más *flaco*...

Monsieur Hulot (le vi en St. Marc-sur-Mer, sigue allí)

MBI dijo...

Oh! Mon oncle, yo tb sé que sigues asomado al mar.
Mis referencias son mis pasiones, mis marcas vitales, mis lecturas, mi fascinación por el arte contemporáneo. Mmmmmmmmmiiiiiiiiiii foooooooooormmmaaaaaa de mirar y la del serendipity de encontrarme.

Cíclopa dijo...

Adoré ser el pez cuando vi esa fotografía por primera vez,

saludos,

Cíclopa